La bastarda española
Del repertorio de modelos de
letras que enseñaron los maestros calígrafos españoles destacan dos cursivas
principales de uso común en la escritura corriente: la Bastarda y la Redonda. Y
de entre las adorno: las góticas de imprenta, la francesa y la flamenca, la
redonda de libros o rotunda; la latina o sepulcral, (romana capital cuadrada);
la Antigua, antiqva, romana o
romanilla de imprenta; la Itálica, aldina,
grifa o bastardilla de imprenta; o la
Italiana moderna, de muy poco uso.
La bastarda española es la principal y primera de las
letras, la letra española por excelencia. La primera vez que se utiliza la
palabra ‘bastarda’ respecto de la escritura, es para referirse a un grupo de
escrituras semigóticas corrientes y cursivas denominadas bâtardes, surgido en Francia a comienzos del periodo gótico. Sin
embargo, la acepción más extendida del término se refiere al uso que hicieron
los tratadistas italianos y españoles del s. xvi
respecto de la variante simplificada y dulcificada de la escritura cancellaresca, La cancellaresca bastarda o bastarda a secas. La bastarda es el
resultado es un deliberado y meticuloso proceso de estilización y depuracíon de
las formas, realizado por maestros calígrafos expertos.
La bastarda o estilo bastardo
consiste en un conjunto de tipos de letra derivadas de la cancellaresca italiana, entre las que destacan la bastarda italiana
original, la bastarda española y la escritura italiana moderna. Sin embargo
Alexander Nesbitt prefiere reservar el nombre de
‘bastarda’ para las genuinas variantes españolas.[1] Siendo éste, uno de los
más interesantes avales en cuanto se refiere al reconocimiento de la identidad
propia de la bastarda española.
Alexander Nesbitt
considera que ‘cancilleresca’ es el nombre más adecuado para todo este género
de letras cursivas, para el que ‘bastarda’ podría ser una alternativa, sin
embargo prefiere reservar el nombre de bastarda para la variante genuina
española.[2] Siendo éste quizás, uno de
los más interesantes avales en cuanto se refiere al reconocimiento de la
identidad propia de la bastarda española.
La introducción de la bastarda
Vespasiano Amphiareo es considerado
habitualmente como el artífice de la denominación de bastarda, sin embargo el
término ya era conocido por entonces en España, como lo demuesta su empleo
anterior por Icíar en 1547. Los tratados de caligrafía italianos son conocidos
por el español Juan de Icíar, que viajó a Italia en su juventud, y a partir de
cuyos modelos da forma a mediados del s. xvi
a la primera versión española de la bastarda que se
difunde rápidamente. Para el calígrafo del s. xviii
de origen italiano Abate Servidori, Icíar se limitó a copiar a los italianos y
duda que aportase nada nuevo a la cursiva italiana.[3] Otros como Fray Luís de
Olod o Torío[4]
revindican la figura de Icíar, y creen que su trabajo no se limitó a copiar los
hallazgos italianos, si no que se embarcó su propia tarea de transformación de
la versión aragonesa de la cancilleresca, que se venía usando desde hacía
tiempo, hasta convertirla en una genuina bastarda española, proceso equivalente
y paralelo al que El Vicentino había recorrido poco antes en Italia, desde la cancellaresca hasta la bastarda. Torío
afirma respecto de la bastarda de Icíar: “…enseña el carácter cancilleresco
esquinado, que
En 1574 asegura Icíar
que “la letra bastarda es la más conocida y usada en toda España”. En su Arte de Escribir de 1577 Francisco Lucas
la reconoce como “la más práctica y eficaz” y a finales del s. xvi Ignacio Pérez dice de ella que
“...de todas las letras, la más usada es la bastarda llamada antiguamente
cancilleresca”.[6]
Pero si el maestro
Icíar es quien la introduce en nuestro país, Francisco Lucas es quien le otorga
personalidad propia, y Pedro Díaz Morante,
José de Casanova, Santiago Palomares, Torío de la Riva la cultivan a lo largo
de un proceso que se dilata cuatro siglos.
La bastarda a lo
largo del s. xvi alternaba
protagonismo con la redonda, que a medida que dicha letra se afianzaba en el
país vecino como letra nacional, fue siendo abandonada por los maestros
españoles, para ir centrando su interés en el desarrollo de la bastarda.
Según Pérez la
bastarda es “la
más usada, llamada antiguamente cancelleresca”; Casanova la llama “reina de
todas las letras”; Servidori se refiere a ella
diciendo que “La letra bastarda es la más hermosa de todos los caracteres
cursivos […] La letra bastarda que es hija de la cancelleresca, ha sido desde
principios del siglo xvi la letra
más hermosa, y la norma de todos los que han enseñado cualquier carácter llano
o cursivo, bastardo o no bastardo”.[7]
Las escrituras redondas
Aunque
son en realidad un grupo heterogéneo de origen muy variado, con la la verticalidad
como única característica común, la redonda es junto a
la bastarda, el otro modelo que aparecía en todos los tratados de escritura.
Los
modelos de redondilla de Lucas, fueron ingredientes necesarios para el
desarrollo de la ronde o redondilla
francesa. A partir de aquellos modelos los escribanos del Ministerio de
Finanzas francés de la época, desarrollaron una écriture ronde financière, que los ingleses llamaron secretary y que fue posteriormente
canonizada por los tratados de escritura de Barbedor y Senault de 1628 y 1650
respectivamente,[8]
hasta llegar a convertirse en la letra nacional francesa.
Una vez terminado el proceso
constructivo de la ronde en Francia,
volvió a formar parte del repertorio habitual de los manuales hispanos. En
algunas escuelas españolas del los siglos xix
y xx, de las que todavía se pueden
encontrarse testimonios directos, se llevó a cabo una peculiar segregación caligráfica
de los alumnos, consistente en enseñar a las niñas la letra redondilla y a los
alumnos varones la bastardilla. Una excéntrica tradición entre los maestros
llevaba a considerar que las características gráficas de cada uno de estos
estilos de letra, se adaptaba mejor a la idiosincrasia de cada uno de los
sexos.
La escuela española de caligrafía
Con auge creciente de los
manuales impresos de escritura, comienza el desarrollo histórico de las
escuelas caligráficas europeas, que se manifiestan en cada territorio por el
uso de unos mismos modelos de letra, unos mismos procedimientos de enseñanza, y
el empeño colectivo de un grupo de autores, que se afanan en encontrar la
idiosincrasia nacional de una letra propia; la gótica fraktur en Alemania, la
redonda en Francia o la escritura inglesa roundhand o en Inglaterra.
Los escolapios o piaristas son, junto a los jesuitas, una
de las más importantes congregaciones religiosas dedicadas a la enseñanza. Se
establecen en España hasta finales del s. xvii,
llegando a adquirir gran relevancia en el siguiente siglo como consecuencia de
la expulsión de los jesuitas. Los escolapios estudiaron como nadie la tradición
caligráfica española convirtiéndose en depositarios de su importante legado y
garantes de una escritura bastarda española de la mejor factura. Los escolapios
más influyentes con respecto a la enseñanza de la escritura, surgieron ya en el
s. xviii una vez asentada la Orden,
entre los que destacan: el P. Felipe Scío, que publicó su Método uniforme
para las escuelas en 1780, el P. Santiago Delgado[9]
que llegó a ser director y publicó varias cartillas y artes de escribir. Entre
los seglares destacan los alumnos escolapios: Torío de la Riva y Gabriel
Fernández Patiño[10]
quienes publicaron sendos tratados de escritura, pero de orientación ideológica
muy diferente.
A
finales de este siglo, para la formación de especialistas en las distintas
profesiones de las áreas del textil y las artes gráficas fundamentalmente, y
bajo el auspicio de las Reales Sociedades de Amigos del País se implantan en
España las Escuelas Técnicas y las de Artes
Aplicadas y Oficios Artísticos. En estos centros de larga tradición se aprenden
todavía hoy, con el nombre de Escuelas de Arte, los oficios relacionados con la
actividad artística. En las Escuelas de Artes y Oficios Artísticos y las
Escuelas Normales de Magisterio, fueron los únicos reductos oficiales en los
que todavía en el s. xx,
continuaba formando parte de su currículo una asignatura de caligrafía.
El auge de la escritura inglesa
En las primeras décadas del s. xix, la hegemonía política, económica y
colonial británica, la ingente documentación
comercial y financiera generada, y la difusión del plumín de acero flexible y
puntiagudo, contribuyeron a la propagación universal de la english roundhand writting o letra inglesa. En 1881 se adopta en la
escuela pública francesa y en España acaba por ganar muchos partidarios, que
abogan por la adopción de la letra inglesa en sustitución de la bastarda
española. Con el paso del tiempo este tipo de letra acabará convirtiéndose en
sinónimo de formalidad, prestigio y elegancia.
LA ESCRITURA EN
EL S. XX. LA ESCRITURA UTILITARIA
En el s. xx al igual que en la sociedad en general, en el ámbito de
la enseñanza la tendencia general fue la del utilitarismo. La escuela de
primeras letras abandona progresivamente la caligrafía como objetivo principal
de la escritura y el interés de se desplaza hacia el dominio de la correcta
ortografía. Ahora en la escritura lo importante era el contenido y no el
contenedor, la sencillez en su aprendizaje y no la elegancia de sus formas. La
escritura fue alejándose de sus formas caligráficas, hasta convertirse en un
mero vehículo funcional de transmisión de las ideas.
Dos fueron los estilos
funcionales que pugnaron por hacerse con la escritura en las escuelas de
principios del s. xx, la escritura
vertical y la script. De las
distintas escrituras nacionales, surgieron nuevas versiones verticales, entre
las que destaca la letra americana o letra inglesa vertical.
La excesiva artificiosidad de la
escritura inglesa dominnante había conducido a la caligrafía a una situación de
hastío. Surgieron en Estados Unidos los sistemas de Spencer y Palmer que
consiguieron una versión más simplificada pero desnuda, perdiendo gran parte de
su elegancia y atractivo. Además las escrituras cooperplate de pluma puntiaguda ya no resultaban acordes con los
usos de los nuevos tiempos, por lo que fueron reducidas a un uso restringido en
documentos de carácter solemne.
Desde 1914 fueron reduciéndose
las asignaturas de caligrafía de los planes de estudios españoles, hasta su
desaparición definitiva en 1938 en tiempos del gobierno de la República. Con el
franquismo se produce una exaltación generalizada de los valores nacionales, a
la que no podía quedar ajena la escritura. Algunos autores, profesores y
maestros, con el beneplácito de los políticos, encabezaron un movimiento en pro
de la recuperación de los viejos valores, de una escritura nacional casi
olvidada. La promulgación de la ley Ibáñez Martín de 1945 [11]
que propugnaba la reintroducción de la escritura española en la enseñanza
básica y profesional, así como la reinstauración de la disciplina de caligrafía
en las Escuelas Normales, asignatura en la que también tenían cabida las
escrituras foráneas, pero el mayor esfuerzo recaía en la recuperación de la
española.
La script es una escritura de laboratorio concebida con criterios
pedagógicos y basada en una sencilla estructura geométrica.[12]
[1] Nesbitt, Alexander. Op. cit. (p. 86)
[2] Nesbitt, Alexander. Op. cit. (p. 86)
[3] Alonso García, Daniel. Op.
cit. (p. 105)
[4] Alonso García, Daniel. Op.
cit. (p. 109)
[5] Alonso García, Daniel. Op.
cit. (p. 110)
[6] Pérez, Ignacio. Op. cit. (p. 7)
[7] Servidori,
Abate D. Domingo Mª de. Reflexiones sobre la verdadera Arte de escribir.
Madrid, 1789. (p. 4-5)
[8] Nesbitt,
Alexander. Op. cit. (p. 108)
[9] Delgado
y Herrero de Jesús y María, P. Santiago. Arte de escribir y colección
de muestras. Elementos
teórico-prácticos del arte de escribir por principios con las reglas generales
y particulares del carácter bastardo español. Madrid, 1790.
[10] Fernández
Patiño y Prado, Gabriel. Origen de
las ciencias, arte nuevo de leer, escribir y contar, con cinco formas de letra
útiles, y examen para los que intenten ser maestros de él, con otras
curiosidades importantes. Madrid, 1753.
[11] Alonso García, Daniel. Op.
cit. (p. 115)
[12] Viñao
Frago, Antonio. “Del periódico a Internet. Leer y escribir en los siglos
xix y xx”. En: Castillo Gómez, Antonio
(Coordinador). Historia de la cultura
escrita. Del próximo Oriente Antiguo a la sociedad informatizada. Gijón, Ediciones Trea, 2002. (p. 334)
Me encantó, Gracias
ResponderEliminarQuedé fascinado.
ResponderEliminar